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1020
millones de personas pasan hambre
Una sexta parte de la humanidad sufre desnutrición, la mayor cifra hasta hoy
19 de junio de 2009, Roma - El hambre en el mundo alcanzará un récord
histórico en 2009, con 1 020 millones de personas que pasan hambre a diario,
según los últimos datos publicados por la FAO.
El reciente incremento del hambre no es consecuencia de las malas cosechas,
está causado por la crisis económica mundial, que ha provocado a su vez una
disminución de los ingresos y un incremento del desempleo. De este modo se
ha reducido el acceso de los pobres a los alimentos, según la Organización
de la ONU.
"Una mezcla explosiva de desaceleración económica mundial y precios de los
alimentos que se empeñan en permanecer altos en muchos países, ha empujado a
unos 100 millones de personas más al hambre y la pobreza", aseguró el
Director General de la FAO, Jacques Diouf. "Esta crisis silenciosa del
hambre -que afecta a uno de cada seis seres humanos- supone un serio riesgo
para la paz y la seguridad mundiales. Necesitamos crear con urgencia un
amplio consenso para la erradicación rápida y completa del hambre en el
mundo y para dar los pasos necesarios", añadió.
"La situación actual de inseguridad alimentaria mundial -subrayó- no nos
puede dejar indiferentes".
Los países pobres, según Diouf, "necesitan las herramientas de desarrollo,
económicas y políticas necesarias para impulsar su producción agrícola y su
productividad. Es necesario incrementar la inversión en agricultura, ya que
en la mayoría de los países pobres un sector agrícola saludable es clave
para vencer al hambre y la pobreza y supone un requisito previo para el
crecimiento económico".
"Muchos de los que sufren pobreza y hambre en el mundo son pequeños
campesinos en los países en desarrollo. Pero tienen el potencial no
solamente de cubrir sus propias necesidades, si no también de mejorar la
seguridad alimentaria y catalizar un mayor crecimiento económico. Para
liberar este potencial y reducir el número de víctimas del hambre en el
mundo, los gobiernos -con el apoyo de la comunidad internacional-, necesitan
proteger las inversiones clave en la agricultura, de forma que los pequeños
campesinos tengan acceso no solo a semillas y fertilizantes, si no también a
tecnologías adaptadas para ellos, infraestructuras, financiación rural y
mercados", explicó Kanayo F. Nwanze, Presidente del Fondo Internacional de
Desarrollo Agrícola (FIDA).
"En la mayoría de los países en desarrollo no existe apena duda de que
invertir en los pequeños agricultores supone crear la red de seguridad más
sostenible, en especial en tiempos de crisis económica mundial", añadió
Nwanze.
"El rápido avance del hambre continúa provocando una enorme crisis
humanitaria. El mundo necesita trabajar unido para garantizar que se
atienden las necesidades de emergencia y se buscan soluciones a largo
plazo", señaló por su parte Josette Sheeran, Directora Ejecutiva del
Programa Mundial de Alimentos (PMA).
El hambre aumenta
Al tiempo que se lograron importantes progresos para reducir el hambre
crónica en la década de 1980 y la primera mitad de la de 1990, el hambre
aumentó lenta pero inexorablemente durante la última década, según la FAO.
El número de hambrientos se incrementó entre 1995-97 y 2004-06 en todas las
regiones del mundo, excepto en Latinoamérica y el Caribe. Pero incluso en
esta última región, los progresos en la reducción del hambre se han visto
anulados como consecuencia del alza de los precios alimentarios y la actual
crisis económica. (ver informe)
Este año, debido principalmente a los vaivenes de la crisis económica
combinados con precios a menudo muy altos a nivel nacional, se espera que el
número de víctimas del hambre aumente en conjunto cerca del once por ciento,
según previsiones de la FAO basadas en los análisis del Departamento de
Agricultura de EE.UU.
Casi toda la población desnutrida del planeta vive en países en desarrollo.
En Asia y el Pacífico se calcula que unos 642 millones de personas sufren
hambre crónica, 265 millones en África subsahariana, 53 millones en
Latinoamérica y el Caribe, 42 millones en África del norte y Oriente medio y
15 millones en los países desarrollados.
Atrapados por la crisis
Los pobres urbanos serán probablemente los que tengan más dificultades para
hacer frente a la recesión mundial, ya que el descenso de la demanda de
exportaciones y la reducción de la inversión extranjera directa causarán un
aumento del desempleo urbano. Pero las zonas rurales tampoco se librarán, ya
que millones de residentes urbanos se verán forzados a regresar al campo,
obligando en muchos casos a los pobres rurales a tener que compartir esta
carga.
Algunos países en desarrollo se enfrentan también al hecho de que las
remesas que los emigrantes envían a sus hogares han descendido de forma
notable este año, con la consiguiente disminución de entrada de divisas y de
ingresos para las familias. La disminución de las remesas y el recorte
previsto en la ayuda oficial al desarrollo limitará aún más la posibilidad
de que los países accedan a capital para sostener la producción y crear
redes de seguridad y sistemas de protección social para los pobres.
A diferencia de crisis anteriores, los países en desarrollo tienen menos
capacidad de maniobra para adaptarse al rápido deterioro del contexto
económico, ya que las turbulencias afectan prácticamente a todo el mundo de
forma más o menos simultánea. Las oportunidades para mecanismos reparadores,
como la devaluación de la moneda o conseguir préstamos en el mercado
internacional de capitales, por ejemplo, para ajustarse a los vaivenes
macroeconómicos, son más limitadas en una situación de crisis mundial.
La crisis económica se produce además a continuación de la crisis
alimentaria y energética de 2006-08. Mientras que los precios de alimentos
han bajado de forma sustancial en los últimos meses en los mercados
mundiales, a nivel doméstico en los países en desarrollo este descenso se ha
producido de forma más lenta. Los precios han permanecido de media un 24 por
ciento más elevados en términos reales a finales de 2008, en comparación con
2006. Para los consumidores pobres, que gastan hasta un 60 por ciento más de
sus ingresos en alimentos básicos, ello supone una fuerte reducción de su
poder adquisitivo efectivo. Hay que señalar además que si bien bajaron, los
precios internacionales de los alimentos básicos son todavía un 24 por
ciento más altos que en 2006 y un 33 por ciento más elevados que en 2005.
El informe sobre el hambre en 2009 (El estado de la inseguridad alimentaria
mundial, también conocido por sus siglas en inglés, SOFI), será presentado
el próximo mes de octubre.
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