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Lo alternativo: ¿producciones de alto
vuelo?


 Por
Mauro Durand, Agronoticias Plus. 20.07.2010

Excepto casos aislados, las
producciones alternativas se encuentran estancadas y es difícil
proyectarlas con solidez en el mercado. Se firman convenios de
coparticipación, se otorgan créditos, pero muchas veces esto
sólo no es suficiente.
Para entrar en tema
Las producciones no tradicionales en la Argentina surgieron en
la última década y crecieron a pasos agigantados. Hoy en día,
juegan un rol importante en la economía, y si bien, no negocian
en grandes mercados internacionales, en los últimos años
lograron expandirse más allá de las fronteras regionales.
Es decir, son productos diferenciados por distintos atributos
naturales o debido a modificaciones incorporadas en el proceso
productivo o comercial que tienen características diferenciales,
y, su valor unitario suele ser mayor que el de las commodities
tradicionales.
Hay que tener presente que en esta denominación quedan excluidos
aquellos productos que son el sustento mayor de las
exportaciones agroalimentarias de la Argentina: los cereales,
las oleaginosas y sus derivados industriales, la carne vacuna,
pescados y moluscos, lácteos, vinos, las frutas de pepita y las
cítricas; ya que estos, son considerados producciones
tradicionales.
La mayoría de las producciones alternativas, tienen un uso
alimenticio, sin embargo, éstas no necesariamente se acotan al
rubro gastronómico sino que también este tipo de producción se
extiende a la industria metalúrgica, textil y química, por citar
unos pocos ejemplos.
Por su parte y dentro de los servicios hay una actividad
novedosa que se conoce como el turismo rural, que se basa en los
recursos naturales y particularmente en su explotación
agropecuaria.
A ello, se agrega el incipiente desarrollo de las “rutas
alimentarias” y del turismo “ecológico”, actividades que han
tenido un fuerte incremento con el tipo de cambio y el
resurgimiento del turismo nacional.
Es evidente que muchos productores han buscado nuevas
alternativas para su actividad y han sido receptivos a los
mensajes sobre la necesidad y consecuencias de diversificar la
producción que se emitieron desde los organismos especializados
durante la década del 90.
Se cree que las elaboraciones alternativas buscan desplazar a
las tradicionales, pero en realidad lo que hacen es
complementarlas. Osvaldo Salomón, presidente de la comuna de
Chabás, Santa Fe, explica que la principal diferencia reside en
“que las producciones tradicionales como el trigo, maíz y soja,
son extensivas y, en cambio, las alternativas son intensivas”.



Incentivar a producir valor agregado
Las producciones alternativas, son una vía para generar trabajo
y riqueza, y a su vez, son una forma de frenar la emigración de
las personas que se escapan del interior para ir a Buenos Aires
en busca de oportunidades.
“Cien mil personas por año se agregan al cordon de pobreza del
conurbano, esto quiere decir, que diez pueblos como Chabás
desaparecen. Si seguimos así, los pueblos se van a convertir en
localidades fantasmas”, expresa el presidente comunal.
La forma de frenar esta migración interna, es con la creación de
oportunidades laborales y para generarlas hay que desarrollar
las producciones intensivas que son las grandes generadoras de
tanto de riqueza como de mano de obra.
Pero, ¿qué sucede cuando estas oportunidades no están a la orden
del día? Al parecer, hay que salir a buscarlas y ganarse la vida
creando nuevos horizontes. El dueño de la empresa apícola Yullin
S.A., Julio Guzman se lamenta de su situación actual, ya que
“debido a la plantación de monocultivos como la soja y la
aplicación de fuertes herbicidas, no hay floración para las
abejas, lo que genera que éstas no produzcan polen”.
Es por esto, que hoy más que a la producción de miel, el
apicultor se dedica a la guía de montaña y turismo rural en el
valle de Calamuchita, Córdoba “para tener otro ingreso”. Pero,
aclara que aun vende productos envasados como licores, propóleos
y miel dentro de la comunidad. Si bien, esto genera valor, es
muy poco comparado con cinco años atrás debido a que la
apicultura decreció “tanto a nivel nacional como regional”.
Del otro lado de la huerta, está Omar Bernaldez, quien es dueño
de una empresa unipersonal y cuenta que forma parte de un grupo
de cambio del Instituto Nacional de Tecnología Agroalimentaria
(INTA). Actualmente, se encuentra “en una etapa de
investigación, desarrollo y adaptación sobre el cultivo de
azafrán en la región”.
El productor explica que trata de trabajar sobre un punto de
equilibrio con los costos y el precio, pero también hace saber
que “alcanzar grandes volúmenes de producción que generen
ingresos y flujo de fondos lleva su tiempo”.
Ambos productores han sido emprendedores. Guzman comenzó su
negocio hace 15 años con la apicultura y hoy se dedica
principalmente al turismo rural, Bernaldez era piloto y hoy se
dedica al cultivo de azafrán. Los dos son cordobeses, sin
embargo, sus caminos no conducen al mismo puerto.



La inversión, el dinero inicial
No hay un número mínimo o específico para invertir en las
producciones alternativas, sino que este monto se supedita al
tipo de producción que se intentará desarrollar. El emprendedor
que decida cultivar arándanos por ejemplo, deberá desembolsar
una inversión mínima de 40 mil dólares por hectárea como
promedio. Pero antes de sembrar el primer plantín, necesitará
asesoramiento profesional que hacen al manejo del cultivo.
“Mi inversión inicial fue 2009 de 35.000 pesos en 2009 y en el
2010 agregué 15.000. Si bien, estos montos no los recuperé con
el azafrán, tengo el doble de cormos que el año pasado con un
costo para esa reproducción del 35 por ciento del valor de un
cormo”, explica Bernaldez.
Guzman, invirtió en su negocio apícola más de 50.000 pesos, algo
de lo que se lamenta ya que “sin abejas, la empresa no sirve”.
Además, el productor critica: “el Estado en lugar de dar
subsidios, utiliza el dinero para realizar campañas políticas y
encima se le ponen muchas trabas a las personas que quieren
trabajar”.



Fespal, un capítulo aparte
Osvaldo Salomón, es el presidente de la comuna de Chabás, un
pueblo ubicado a 80 kilómetros al sur de Rosario en Santa Fé, y
el principal inspirador de la Feria y Seminario de Producciones
Alternativas (Fespal), un lugar por donde pasaron más de 50 mil
personas en la última edición que se celebró del 7 al 9 de mayo
de 2010.
El éxito de este evento tiene dos razones: el apoyo del gobierno
local y el creciente asociativismo entre productores. Sin
embargo, la comuna aun sufre el pecado de progresar ya que
faltan inversiones en infraestructura para convertir a esta
capital nacional de las producciones alternativas en un nuevo
gran polo industrial.
“Es fundamental que haya obras públicas, porque de esta manera
el crecimiento se detiene y así no podemos seguir”, sostiene el
referente comunal.
El evento que cumplió 10 años, logró hacer realidad numerosos
emprendimientos y proyectos que se transformaron en Pequeñas y
Medianas Empresas (PyMES): “hay productores que invirtieron y
generaron riquezas, incorporando nuevos mercados. Por ejemplo,
hay un productor salteño que hizo dulce de leche de cabra y
ahora exporta su producto”, cuenta Salomón.
Dentro del marco del Segundo Foro Regional y Permanente de la
Producción que se desarrollo en la Fespal, se llegó a la
conclusión de que los productores no sienten acompañamiento
sostenido y tienen dificultades en el financiamiento. Además,
consideraron que en las producciones que elaboran el 99 por
ciento es “transpirar la camiseta”.
Como respuesta a este reclamo, el chabanense cuenta que se creó
“un fondo de crédito local con aportes de empresas privadas” y
que ya hay algunos asignados, como por ejemplo “a una empresa
que se dedica a la elaboración de molduras para autos en
plástico”. Al igual que las artesanías o delicatesen, estas
producciones intensivas también son alternativas.
Por otro lado, Salomón firmó en el marco de AgroActiva, el
pasado 4 de junio de 2010, dos cartas de intención con el jefe
de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Ing.
Mauricio Macri, para trabajar de manera conjunta con la capital
porteña.
Este hecho, fue calificado como histórico y demuestra la
importancia que las producciones intensivas tienen en el país y
el valor que tiene la Fespal para la economía regional y
nacional.



Tres consideraciones
El desarrollo de las producciones alternativas tiene tres
pilares que convergen para lograr que se consume una empresa
agropecuaria no tradicional:
1. Espacio físico: Generalmente la tierra ocupada es pequeña si
se compara con una producción tradicional y por eso las
alternativas se pueden realizar en lugares no aptos para
actividades tradicionales.
2. Mano de obra: Dado que son producciones intensivas el aporte
de mano de obra, que debe ser calificado, es muy importante.
3. Aporte crediticio: Este tipo de producciones necesita aportes
de capital importante, para lo cual es imprescindible que el
productor recurra a una entidad financiera para acceder a un
crédito acorde a la actividad que va a desarrollar.
ACP, Buenos
Aires, Julio 2010

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