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Hongos argentinos: hora de asociarse y ganar mercados
Será tal vez por las dificultades comerciales congénitas que
padecen las producciones alternativas, una de las
características más sobresalientes de la producción actual
de hongos comestibles en la Argentina es que la mayoría de
los productores tienden hacia el asociativismo para bajar
costos y crecer en escala.
Por poner un ejemplo, cultivadores agrupados en la Cámara de
Productores de Hongos de La Patagonia comparten desde el
2003 la operación de una planta de deshidratado y la
producción en un establecimiento que permite salir al
mercado con las habilitaciones requeridas. Al momento de la
venta también sucede algún tipo de fusión, para completar
los pedidos de los clientes. Así fueron bajando los costos y
ahorrando tiempos.
Mercedes Rozas, productora y presidenta de la Cámara,
cultiva la variedad Pleurotus ostreatus (también llamada
gírgola u hongo ostra) a la intemperie y sobre troncos,
aunque anteriormente ha producido shiitake. La calidad de su
emprendimiento la llevó a solicitar el sello de Alimentos
Argentinos.
La emprendedora también reconoce que las oportunidades
siguen siendo muchas, sobre todo cuando se agrega valor al
envasar, moler o secar. “Estar asociados nos ha permitido
tener un establecimiento común con tecnología para secar los
hongos. Desde allí salen habilitados para el mercado.
Además, cumplimos las buenas prácticas agrícolas y
manufactura”, cuenta Rozas.
Explorar mercados
“El champignon (Agaricus bisporus y Agaricus bitorquis) es
el hongo más conocido y el que se cultiva comercialmente con
mayor frecuencia. Pero es una de las tantas especies de una
extensa familia de setas que se consumen en todo el mundo”
cuenta a la Ing. Agr. Olga García Araya, especialista en el
Reino Fungi, como se llama taxonómicamente al mundo de los
hongos porque no son ni animales ni plantas.
Lo cierto es que los consumidores siguen comprando
mayoritariamente champignon, pero paso a paso crece la
producción y demanda de gírgolas y shiitake, aunque no
existe campaña alguna para promover sus propiedades
alimenticias, medicinales y culinarias.
De hecho, si bien el mercado de champignones
industrializados “está en una meseta, hay hongos
alternativos que están en crecimiento, como las gírgolas,
que se producen sin un compostaje previo y tienen, en
consecuencia, una posibilidad de producción más fácil para
los productores que se inician en la actividad. Esto hace
que haya producciones familiares y de a poco se van
conociendo más en las góndolas de los supermercados y en
algunas verdulerías” explica asimismo, Bernardo Lechner,
investigador del CONICET.
Sin embargo, el nicho más interesante es el de los
restaurantes, donde se exigen buena calidad para sus platos
“fungi”. El shiitake, un hongo con aroma y gusto
particulares, también está teniendo un gran acogida aunque
su producción es aún escasa.
Juan Carlos Szklarz, productor de gírgolas en Neuquén,
entiende que “la crisis del 2001 potenció la generación de
muchos emprendimientos y entre ellos los relacionados con la
producción de hongos, con el consecuente aumento de la
oferta. Si bien en su momento era menor a la actual, la
comercialización era también más difícil por una
desconocimiento cultural”.
“Un laborioso trabajo de promoción de parte de los mismos
productores ayudados por algunas instituciones y los
crecientes cambios en el mundo de la gastronomía como
aperturas de carreras y nuevas escuelas, programas de radio,
TV, y espacios en los medios gráficos ayudaron muchísimo a
incorporar a los hongos (de cualquier especie) en la dieta
de los argentinos” especifica Szklarz.
Fotografía de situación
García Araya comenta "en la Argentina por ejemplo, se estima
que el consumo apenas llega a los 35 gramos por persona por
año”. Pero recordó que en la actualidad, "hay un renovado
interés por el uso de los hongos en la gastronomía como
una tendencia hacia una alimentación más sana y balanceada,
asociada con el consumo de productos que tienen un efecto
que se percibe como beneficioso para la salud".
"Los hongos se adaptan completamente a estas nuevas
tendencias porque reportan beneficios tanto nutricionales
como medicinales. Investigaciones en todo el mundo
prueban que los hongos son alimentos muy nutritivos, con
cantidades de proteínas equivalentes a la carne y por encima
de algunas frutas y vegetales. También son ricos en
vitaminas y carbohidratos y con bajo tenor graso", dijo. En
cuanto a sus beneficios medicinales, "la ciencia ha ido
descubriendo efectos antitumorales, antioxidantes,
antiinflamatorios y antivirales”, entre otros.
La fuerte tendencia al asociativismo que presenta el sector,
según la agrónoma, responde a que "muchos productores buscan
hacerle frente a la estacionalidad de la producción y a
compensar épocas de baja productividad o sobreproductividad”.
Y, por otro lado, a "las dificultades de los pequeños
productores de contar con la infraestructura necesaria para
acceder a un nivel de producción competitivo".
El investigador Lechner entiende que “es difícil cotejar la
producción de hongos con otras producciones dentro de la
hortícola. Mientras que el volumen anual de hortalizas
supera las 10 millones de toneladas, el de hongos no supera
las 2600 tons anuales, representando sólo el 0,026 %. Es muy
poca si la comparamos por ejemplo con la producción del
papa, que representa el 27 % de la producción de
hortalizas”.
Paso a paso
¿Qué tips debe tener en cuenta el productor o empresario que
desee apostar al reino fungi? En una primera etapa es
necesario definir el sistema de producción; es decir, si
será cultivo en troncos, al aire libre, o el cultivo será en
bolsas, en un ambiente cerrado.
En una segunda etapa, se deberá definir en qué escala se va
a trabajar; es decir, rústica o artesanal, comercial o
industrial. Luego, en función de la escala se deberá definir
el nivel de inversión que el productor está dispuesto a
realizar para, finalmente, buscar la correcta localización
del emprendimiento. En este punto, es conveniente que se
encuentre cerca de algún punto importante de
comercialización y que las vías de acceso estén en buen
estado aun en días de lluvia.
Los principales requerimientos dependen sobre todo, de la
escala a la que aspira el emprendedor y del sistema de
producción elegido. La especialista García Araya ejemplificó
esto con un caso tipo de producción de gírgolas.
“Si se hace en bolsas, con un ciclo productivo de 8 meses
por año y una escala media, donde se proyecta una unidad
productiva de 300 m2, se necesitan una zona sucia
comprendida por un sector para el acopio de materias primas,
herramientas y un patio para la preparación del sustrato con
un túnel de pasteurizado. Además, se requiere delimitar una
zona limpia comprendida por una sala de siembra, una sala de
producción o cultivo, una sala refrigerada y una sala de
empaque. Y, un patio de carga, descarga y movimiento de
vehículos.
La inversión inicial promedio para una unidad productiva de
120 m2 de hongos gírgolas puede rondar los 22 mil pesos,
aunque en champignones puede elevarse en los casos más
sofisticados hasta 250 mil dólares. Se estima que la
inversión inicial se recupera entre el tercer y cuarto año.
Etapas del cultivo
Independientemente de la especie, sistema de cultivo y
soporte que se elija, en todos los casos deben cumplirse las
siguientes etapas:
1. Preparación del alimento o sustrato: Los hongos
que se cultivan crecen sobre un “sustrato” que puede estar
compuesto por uno o más materiales. Este sustrato puede
actuar, al mismo tiempo, como alimento y soporte (ejemplo:
cultivo en troncos) o ser sólo sustrato (ejemplos: paja de
trigo, viruta, hojas secas, etc.) requiriendo, además, de un
soporte (ejemplos: cajas, botellas, bolsas). El sustrato
debe ser preparado previamente antes de ponerlo en contacto
con el hongo que queremos cultivar. La preparación consiste
en picarlo, humedecerlo y mezclarlo con aditivos.
2. Desinfección o pasteurización: Cuando se emplean
sustratos a base de residuos agroindustriales, éstos deben
"limpiarse" eliminando la presencia de esporas de otros
hongos, huevos de insectos y parásitos que pudieran competir
en la colonización del sustrato, afectando la eficiencia del
proceso que es de nuestro interés. Con esta operación se
busca obtener un sustrato “biológicamente apto” para que
sólo se desarrolle el micelio del hongo que nos interesa
cultivar.
3. Siembra: En esta etapa el sustrato se pone en
contacto con el “micelio” o semilla, debiendo el cultivador
mezclarlos en la forma más homogénea posible ya sea manual o
mecánicamente.
4. Incubación: El sustrato ya sembrado es colocado
dentro del soporte y así es llevado a condiciones de
incubación: oscuridad, ventilación y temperatura constante
durante un tiempo variable según la especie y la cepa.
5. Inducción: Mediante un brusco descenso de la
temperatura y, en algunos casos mediante luz natural, se
logra que el hongo se estimule dejando la etapa de
crecimiento vegetativo para dar comienzo al crecimiento
reproductivo, con la aparición de los primordios.
6. Fructificación o Producción: Durante esta etapa
los primordios crecen hasta alcanzar el tamaño de cosecha.
Las fructificaciones se producen en “oleadas”. Una oleada es
un ciclo de producción, seguido por dos o tres días sin
cosecha; durante ese lapso se forman los primordios del
ciclo siguiente. En general se obtienen 3 oleadas, siendo la
primera la más productiva. La humedad relativa ambiente, la
temperatura, la luz y la ventilación cumplen un rol
fundamental.
7. Descarte y renovación del sustrato y soportes:
Luego de finalizadas las cosechas deben renovarse
completamente tanto el sustrato como los soportes y limpiar
a fondo las salas para comenzar un nuevo ciclo productivo.
El sustrato degradado sirve como alimento para lombrices o
se puede compostar para abonar nuestras plantas. Los
sustratos y soportes viejos se descartan. Nunca deben
reutilizarse...!
Autores:
Roxana Bavaro -Periodista y Community Manager de Agroconsultora
Plus- y Miguel Lara -Periodista y Director de Agroconsultora
Plus-.
www.agroconsultoraplus.com Marzo
2010 |
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