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Conservas:
para disfrutar sabor y seguridad todo el año
Aunque se las
suele encontrar en cualquier mercado de ramos generales, y
representan un producto de alta comercialización en las
zonas regionales, los cuidados y las formas que secundan a
las conservas son de suma importancia para la obtención de
un producto de alta gama.
Productos de origen animal o vegetal que, envasados en forma
hermética, han sido sometidos a procesos de esterilización
industrial, tienen un especial desarrollo en la zona de Cuyo
debido a que ésta representa la mayor parte de la producción
nacional de conservas. Otras provincias características son:
Río Negro, Santiago del Estero, Catamarca, Buenos Aires y
Santa Fe.
Las cifras de la Secretaría de Agricultura indican que la
producción nacional de conservas de frutas promedia las 60
mil toneladas. El 65% del total corresponde al durazno,
rubro que presentó un crecimiento del 60 % en los últimos 15
años.
Las conservas vegetales son las que se realizan con frutas y
hortalizas; estas materias primas, deben satisfacer una
demanda de madurez e higiene de tal manera que, la
incorporación de las Buenas Prácticas de Manufactura arrojen
como resultado final alimentos inocuos, seguros y de alta
calidad, y esto es cada vez más valorado tanto por el
industrial que los elabora como por los consumidores,
destinatarios finales de todos los esfuerzos.
¿Ventajas comerciales y alimenticias de la producción de
conservas? Estos productos se transforman en platos
exclusivos que pueden ser consumidos todo el año en
cualquier región o época del año. De esta manera, las
conservas ayudan en el área de la gastronomía para que ésta
multiplique sus alternativas, y en el sector doméstico la
preparación cotidiana de comidas se torna mucho más sencilla
y variada.
La elaboración de vinagretas, conservas en aceite, compotas
y mermeladas son algunas de las recetas que suelen ser
susceptibles de conservación. Sin embargo, en todos estos
casos, la falta de higiene y las medidas preventivas pueden
poner en jaque la producción.
PUNTOS CRÍTICOS
Algunos detalles a tener en cuente en una primera instancia
es controlar que no haya defectos en los frascos que pueden
originar fugas, contaminación posterior al tratamiento y
alteración del producto una vez envasado.
La operación de llenado debe ser controlada. Por ejemplo, si
se retrasa el embutido de los recipientes, su tratamiento
posterior puede reducir la eficacia de la esterilización. El
llenado excesivo, por su parte, puede originar un
tratamiento inferior al necesario, la modificación del
tamaño de los trozos, y la cantidad de ellos también
afectarán el proceso.
CONSERVAS DE VEGETALES
Dentro del proceso que requiere la conserva de vegetales,
éstas se hierven, ya sean en trozos o enteras. Los vegetales
deben estar limpios y se deben cocer por cada medio kilo en
un recipiente, con cuatro litros de agua hirviendo y 120 ml.
de vinagre de alcohol o bien, zumo de limón. Se rellenan los
envases, previamente esterilizados, hasta unos 3 centímetros
del borde y se cubren con salmuera; este paso evita que se
desarrollen bacterias.
Para los vegetales en vinagre, como cebollitas, aceitunas y
pepinillos, se recurre a vinagre de alcohol o de vino, que
son el único conservante necesario. Muchas veces es
recomendable eliminar el exceso de agua de ciertos
vegetales, para lo cual tendremos que dejarlos macerar en
sal durante unas horas en la heladera. Otro proceso muy
usual es el que utiliza salmuera, en el que no hay que
utilizar más de 20 gramos de sal por cada litro de líquido
de cocción escaldado.
CONSERVAS DE FRUTAS
En este caso, las estrellas son las confituras y las
mermeladas, delicias de fruta que todavía se realizan de
manera tradicional en los hogares. Con fruta también podemos
elaborar compotas, jaleas, fruta en almíbar, purés y pastas
de frutas.
En estos productos, el azúcar necesario -normalmente un kilo
por cada kilo de fruta- es excelente para evitar posibles
intoxicaciones, ya que se reduce la cantidad de agua, un
elemento necesario para que proliferen ciertas bacterias y
hongos. Si el azúcar se añade en proporciones inferiores, no
actúa con la misma efectividad.
Una vez que se introduce el producto en el envase hay que
cerrarlo para colocarlo luego, en una olla a presión, para
de esta manera, envasar al vacío. A los 20 minutos desde que
empieza a salir vapor es más que suficiente para considerar
lista la conserva.
CÓMO REALIZAR CONSERVAS
El primer paso es esterilizar los envases y tapas aún cuando
los frascos sean nuevos o usados, hirviéndolos a partir de
la primera cocción al menos 10 minutos más o 15 si es usado.
Para el proceso de envasar, los frascos con el producto
caliente se llenan hasta 1 centímetro por debajo del cuello.
Para las mermeladas, jaleas y salsas se realiza hasta ½
centímetro por encima, sin tocar el cuello con las manos.
Finalmente, se revuelve el contenido con una cuchara de
madera para que salgan las burbujas de aire del producto.
Luego, se colocan las tapas sobre los frascos sin apretarlas
y los frascos cerrados en una olla, llena de agua hasta la
mitad de la altura de los frascos. Cuando el agua empiece a
hervir, se deja cocinar por 10 minutos, con el fin de que
salga el aire que se encuentra dentro de los frascos, y
crear un vacío necesario para evitar que el producto se
fermente e impedir que entren microorganismos del medio
ambiente.
Una vez hervido, se sacan los frascos y se colocan sobre una
tabla de madera para que no se revienten. Para cerrar
herméticamente los envases: Se levantan por una las tapas,
dejando salir el vapor se elimina la boca del frasco con un
trapo estéril y se cierra bien rápidamente.
Para la esterilización final se colocan los frascos ya bien
tapados nuevamente en la olla, y se cubren con agua hasta 2
centímetros por encima de los frascos. El agua debe tener
más o menos la misma temperatura de los frascos para evitar
que se revienten.
Se tapa la olla y se pone a hervir. A partir del primer
hervor se cuenta el tiempo necesario para esterilizar el
producto. Luego se sacan los frascos, y se colocan boca
abajo sobre una tabla de madera seca, para dejarlos enfriar.
CONSERVACIÓN
Este tipo de productos, pueden conservarse durante un año
sin frío. Las condiciones ideales para almacenarlos exigen
temperaturas medias, no más de 30º C, y lugares donde el sol
no incida directamente. Una vez abierta la conserva, se
guardará en la heladera y se consumirá en menos de siete
días.
PARA EVITAR LA CONTAMINACIÓN
Las bacterias contaminan fácilmente los alimentos, incluso
en envases cerrados herméticamente. La principal amenaza de
contaminación de los alimentos es el crecimiento de
bacterias, y entre ellas la estrella en las conservas
caseras es el Clostridium botulinum, que posee una toxina
causante de la enfermedad del botulismo, que incluso causa
la muerte. Este microorganismo crece sin oxígeno y por ende
su proliferación es favorable en envases cerrados y sus
esporas resisten altas temperaturas.
La clave fundamental de este organismo es que no crece en
medios ácidos, con pH inferior a 4,6 como es el caso de las
frutas, ni tampoco a bajas temperaturas, por lo que su
refrigeración a menos de 4º C permite que no se desarrolle.
El botulismo es una enfermedad transmitida por alimentos y
si bien los brotes no son tan frecuentes, son significativos
por el elevado índice de mortalidad, y es la enfermedad
“emblemática” en la tecnología de alimentos.
El causante de esta enfermedad es un bacilo muy difundido en
la naturaleza y se lo puede encontrar en cualquier lugar.
Para no sufrir sorpresas a la hora de degustar las conservas
se recomienda que los alimentos se conserven frescos, los
vegetales que escojamos deben ser más o menos del mismo
tamaño, estar enteros y sin golpes y deberán estar en su
punto justo de maduración.
Asimismo, es de suma importancia la máxima higiene a la hora
de tratar los alimentos. Manos limpias, utensilios y tablas
impolutas, además de envases desinfectados, enjuagados y
bien escurridos. También se recomienda como los mejores
recipientes para conservar los productos, aquellos que son
los de vidrio.
Generalmente los brotes de esta enfermedad ocurren en mayor
proporción en las conservas caseras que en las industriales
ya que es más factible que estén mal esterilizados o no se
le agregan los aditivos adecuados para evitar que las
esporas germinen.
Por ejemplo, se supone que el tomate es, junto con las
frutas, uno de los vegetales que tienen un pH de 4,5 o por
debajo de éste, pero cuando se envasa una salsa donde se
agregan a los tomates cebollas, ajíes u otros ingredientes
este producto se vuelve potencialmente peligroso. Esto se
evita agregando generalmente ácido cítrico (E-330), ya que
el tomate está en el pH límite variando de acuerdo a su
madurez, variedad, etc.
ESCABECHES DE CARNES: PUNTO Y APARTE
Según la Ing. Agr. Clara Marini, asesora de varios
emprendimientos relacionados con conservas, en los alimentos
muy proteicos (carne, pescado, huevos, etc.) con la misma
cantidad de ácido (vinagre en este caso) siempre hay un
descenso menor del pH que en los productos de frutas y
verduras. Luego de unos 10 ó 15 días cuando se produce la
estabilización de los sabores y del pH dentro del frasco,
nos encontraremos que subió peligrosamente.
En los alimentos de acidez alta (muy ácidos) no existe el
peligro por contaminación con esporas de Clostridium
botulinum, porque el pH bajo (menor de 4,5) evita que las
esporas germinen y crezcan y por consiguiente las toxinas no
serán liberadas.
Los alimentos con un pH de 4,5 o menor se pueden esterilizar
en baño María, es decir: se pueden utilizar procesos en agua
hirviendo ya que solo hay que destruir células vegetativas y
no esporas.
También se ha señalado riesgo en algunos productos
alimenticios salados con concentraciones de sal inferiores
al 10%. En consecuencia, las salazones de pescado, y sobre
todo las semiconservas de anchoa en aceite, pueden ser un
producto de riesgo si bien no se ha descrito ningún caso de
botulismo asociado al consumo de semiconservas de anchoa en
aceite, en las que la concentración se sal oscila entre un
12% y un 14%.
La toxina botulínica es termolábil, es decir que se destruye
con el calor. Afortunadamente con una temperatura de 80º C
por 30 minutos se destruye completamente.
El hecho de esa sensibilidad al calor hace que las
intoxicaciones botulínicas no aparezcan en aquellos
alimentos preparados con conservas caseras que entran como
ingredientes que se cocinan y sí en aquellos que se ingieren
sin otra cocción, es decir, tal como vienen en el frasco o
lata originales.
Otra forma de protección usada en la industria es agregando
agentes conservantes a las conservas. Cuando el producto
elaborado no admite el sabor ácido como ciertos patés y
aunque se esterilice en autoclave a 121° C siempre es
conveniente tener alguna protección ante una rotura
imperceptible de una lata o falla de la tapa de un frasco.
Para usar conservantes hay que tener conocimientos sólidos,
equipos específicos (balanzas de precisión, etc.) y usar la
menor cantidad posible siempre dentro de los límites dados
por el Código Alimentario Argentino. Son sustancias tóxicas
para los microorganismos, por lo que si afecta también a
alguno de nuestros procesos metabólicos pueden detectarse
cuadros de intoxicación, ya sea de tipo agudo o crónico.
Fuente: Roxana Bavaro
y Miguel Lara, Agroconsultora Plus
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