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Calidad
agroalimentaria: cada vez más exigencias
Para ganar
nuevos mercados internacionales, los productores están cada
vez más obligados a lograr calidad en sus producciones. Y
certificarlas, que es ponerle el sello legal a tanta
dedicación cotidiana. Estar a la altura de lo que exigen los
consumidores se ha convertido en sinónimo de excelencia.
“Sobre todo en los mercados de Europa y EE.UU., el
consumidor demanda instrumentos que le garanticen la
inocuidad de los alimentos, las condiciones de respeto
medioambiental de la producción y los aspectos éticos y
sanitario del empleado. En un mercado con cada vez más
oferta, las certificaciones agregan un valor extra que hace
la diferencia para el comprador”.
Así resume Jimena Garofoli, Responsable Técnico del Galpón
de Empaque de Carleti S.A., empresa conocida por su
excelencia en cerezas, la importancia de la certificación de
la calidad agroalimentaria en el contexto actual de crisis y
competitividad.
Es que para muchas empresas agroindustriales, cumplir a
rajatabla con los requerimientos establecidos por los
compradores significa crecer y abrir nuevos mercados. El
éxito comercial se define desde las mismas buenas prácticas
de cultivo, la calidad de la producción, la trazabilidad y
la dedicación en todo el proceso.
La aplicación de normas internacionales de calidad ha
recorrido un camino ascendente en la Argentina: más
del 60% de las exportaciones del complejo agroalimentario
argentino están alcanzadas por los condicionamientos
normativos de calidad.
Por ejemplo, tanto en la Unión Europea como en los Estados
Unidos, Canadá y otros países desarrollados, los productos
que ingresen deben tener algún tipo de garantía de inocuidad
alimentaria.
Así, el número de regulaciones técnicas y estándares se está
incrementando, aunque el sistema más utilizado actualmente
para garantizarla es el HACCP (Hazard Analysis and Critical
Control Points).
Según explicó a BAE, el Ing. Agr. Mariano Salerno, de la
Gerencia de Calidad y Capacitación de la Fundación ArgenINTA
“en las dos últimas décadas han ocurrido una serie de crisis
alimentarias que han alcanzado notoriedad mundial. Como
reacción a estos eventos los consumidores agudizaron sus
exigencias de inocuidad de los alimentos. También están cada
vez más conscientes e interesados en el bienestar animal, en
los problemas ambientales y en los problemas sociales que
rodean la producción y el comercio de los productos
agroalimentarios que consumen”.
Salerno apunta que como respuesta a semejante preocupación
“se han desarrollado varios programas de certificación
voluntaria creados por organizaciones privadas, gobiernos y
por los mismos empresarios, que buscan satisfacer las
exigencias de quien en última instancia decide o no comprar.
Esto ha implicado que la demanda de certificaciones haya
aumentado. Por poner un ejemplo, sólo el sello GLOBALGAP
creció de 18 mil a 94 mil certificaciones realizadas en los
últimos 5 años.”
Lista mínima
Desde el 2005 rige en la Unión Europea el reglamento
178/2002 que determina en términos de trazabilidad como
primer paso, tener la información del manejo de la
producción y cuál será su destino.
Los productos del sector frutihortícola con destino al Viejo
Continente se encuentran así con mayores exigencias de los
importadores en el cumplimiento y certificación del
protocolo privado de Buenas Prácticas Agrícolas GLOBALGAP
(ex EurepGAP). Esta iniciativa nació en 1997 a partir del
acuerdo entre comerciantes minoristas europeos que
desarrollaron normativas específicas que incluyen requisitos
sobre inocuidad de los alimentos, respetando la salud,
seguridad y bienestar de los trabajadores, así como el
ambiente. GLOBALGAP abarca todo el proceso de producción del
producto hasta que es retirado de la explotación.
Por otro lado, para los productos orgánicos, el principal
destino continúa siendo la Unión Europea, sobre todo peras y
manzanas. El segundo destino de importancia son los Estados
Unidos, bajo la norma NOP, donde las frutas son, nuevamente,
las más compradas seguidas por los cereales y oleaginosas.
En tercer lugar, se presenta Suiza con un sistema de
certificación diferente llamado Biossuise y los principales
productos comercializados son los cereales y oleaginosas.
Otros sistemas y normas que son exigidos por los países
importadores son:
- Safe Quality Food (SQF). Han sido implementados por varias
compañías que operan en Asia, Medio Oriente, Estados Unidos,
Europa y Sudamérica.
- International Food Standard (IFS). Es una norma creada por
grandes empresas de distribución alemanas y francesas.
- ISO 22000. Sistema de Gestión de la Inocuidad Alimentaria.
Es una norma internacional fundamentada en los principios
del Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control.
Además de estas normativas algunas asociaciones de
supermercados han desarrollado protocolos que especifican
requisitos para los sistemas de gestión de la inocuidad de
los alimentos. Entre éstos se pueden considerar:
- Global Food Safety Initiative (GFSI)
- British Retail Consortium (BRC, en Reino Unido)
- AIB (El AIB de Estados Unidos es una corporación sin fines
de lucro)
- Nature`s Choice (Reino Unido)
- La Normativa de Chile “Sistema de Análisis de peligros y
puntos críticos de control (HACCP)”, basada en la Norma
Internacional de Codex Alimentarius, se encuentra en proceso
de aprobación por parte del Instituto Nacional de
Normalización (INN).
Orden afuera y dentro de casa
Sin duda, en todos los mercados se destacan los
requerimientos relacionados con la trazabilidad como
parámetro para medir su calidad. Esta característica es una
herramienta de competitividad que se renueva constantemente.
Según Salerno, “Japón y Unión Europea se asoman como los más
exigentes en este tema. Incluso, Estados Unidos ha
implementado desde el 2001 una ley de bioterrismo que
también lo hace un mercado muy exigente en cuanto al ingreso
de alimentos”.
Un ejemplo de la importancia de la calidad a la hora de
exportar sucede en las oleaginosas. Nuestro país se ha
convertido en uno de los principales exportadores de granos,
aceite y harinas de origen vegetal, ocupando el puesto
número 17 como proveedores de la Unión Europea, seguido por
países como Brasil, España, Alemania y Francia.
Existe una fuerte exigencia que se renueva constantemente a
nivel internacional con respecto a los estándares; de hecho,
Rusia, la Unión Europea y China imponen cada vez más
limitaciones a la entrada de productos con niveles de
salmonella, pesticidas o residuos.
¿Y hacia el mercado interno? Esa es harina de otro costal y
merece una nota futura. Pero Jimena Garofoli, de Carleti
S.A., da el pie al debate mientras sostiene con los hechos
el premio ArgenINTA a la Calidad Agroalimentaria que ganaron
en la última edición: “Aunque en el mercado argentino
todavía no hay un reconocimiento de las certificaciones,
quizás como efecto secundario, quien certifica normas
también se esmera en mantener un nivel exigente en la
calidad de fruta, y eso sí es reconocido por cualquier
consumidor”.
Autores: Roxana Bavaro y Miguel Lara.
Agroconsultora Plus. www.agroconsultoraplus.com
[Vea también Curso a
Distancia sobre Calidad en Frutas, coorganizado con
Fundación ArgenINTA]
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