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Aceites esenciales: cómo agregar valor en la producción de
plantas aromáticas
La industria
de aceites esenciales en Argentina se ha orientado
históricamente hacia dos grandes líneas en dependencia de la
inversión necesaria. Una es la producción de aceites
esenciales cítricos, cuya trascendencia mundial es
indiscutible, forjada no sólo por el volumen y la calidad de
la oferta, sino también por su permanencia en el mercado.
Esto último no se logró fácil ni espontáneamente, sino que
fue resultado del esfuerzo mancomunado de un grupo de
industriales y empresarios con visión de futuro con la
voluntad para desarrollar un negocio de largo alcance. Estas
inversiones son millonarias, y por consiguiente los riesgos
y los inconvenientes que presuponen también son elevados. Si
Argentina es hoy reconocida en el mundo de los aceites
esenciales, es casi exclusivamente por este sector.
En la otra línea se encuadran innumerables emprendimientos
desarrollados en las más diversas regiones del país, con
disímiles objetivos, infraestructuras y recursos, y muy
distintos resultados. El común denominador de estos grupos
ha sido la oferta limitada, generalmente regional o local, y
discontinua, de ahí que la injerencia de los mismos en el
mercado haya sido o esporádica o errática, y por lo tanto no
puedan consolidarse.
Los motivos pueden ser varios, desde el desconocimiento de
las variables del sector hasta la fluctuación económica de
la inversión, que han llevado en el corto o mediano plazo al
desinterés o al fracaso de muchos emprendimientos.
Pero aún en esta escala reducida y temporalmente variable de
la producción de aceites esenciales, hay muchos casos donde
la correcta visión del negocio llevó al éxito. Cuando se
valoran adecuadamente las oportunidades y fortalezas de cada
emprendimiento, en muchos casos se generan desarrollos
productivos no sólo sustentables sino también prósperos. La
oportunidad no está en el sector, sino en cómo se lo
aprovecha para fortalecer las ventajas competitivas propias
que se puedan tener.
Métodos de obtención
Aunque se pueden enumerar muchas técnicas para la extracción
de aceites esenciales, en la realidad la más común y
difundida es la extracción por arrastre con vapor de agua.
Tiene muy fuertes ventajas, como ser una tecnología sencilla
y barata, por la que no hay que pagar prebendas por su
explotación; no requiere mayores insumos que no sean la
propia materia prima, agua y energía; es una tecnología
limpia porque casi no deja residuos; y requiere poca mano de
obra. También tiene algunas desventajas, y posiblemente la
principal sea que, si no se planifica correctamente su
aprovechamiento, es de utilidad temporaria, pudiendo estar
desaprovechada durante la mayor parte del año.
Las cuentas del negocio
Si se dispone de la materia prima necesaria, lo que queda es
invertir en dos líneas de muy distinto contenido. En primer
lugar se debe pensar en el proceso extractivo y luego en la
puesta en el mercado del producto a desarrollar. El primer
elemento es fundamentalmente una inversión monetaria a
mediano o largo plazo. Y el segundo, implica también una
inversión, pero de tiempo y mano de obra, que en definitiva
también es “dinero”. Implica subsidiar una decisión política
y una estrategia de manejo de los plazos necesarios para
lograr la inserción en el mercado del producto o productos
que se generen. Aunque en este sentido no parezca una
inversión monetaria propiamente dicha, sí cuenta a la hora
de proyectar el presupuesto del emprendimiento porque
implica financiar la puesta a punto del producto, su control
de calidad, la gestión de comercialización, y algo que
muchos ignoran o menosprecian: el “tiempo muerto” que existe
desde que el inversor ofrece su producto hasta que el
mercado no sólo lo aprueba, sino que lo considera como un
insumo sustentable.
Para el primer punto las inversiones necesarias pueden ser
muy variables, porque dependerá de qué infraestructura se
tenga, qué escala de trabajo, qué ubicación geográfica y por
supuesto qué tipos de productos se pretendan desarrollar.
Además, y en función de la experiencia que se tenga, resulta
muy conveniente construir el negocio a través de tres etapas
diferenciadas.
Del microemprendimiento a la industria
La primera, prospectiva y muy aleatoria, de nivel de
laboratorio, donde se podrán identificar los productos más
competitivos que se puedan hacer. En una segunda escala, a
nivel piloto, se podrá evaluar con mayor precisión la
factibilidad económica y técnica del desarrollo.
En la tercera escala, la industrial, se podrá producir para
cubrir la demanda detectada. Todo puede empezar con unos dos
o tres mil pesos, puede evolucionar en una inversión de unos
cuatro a diez mil pesos, y en función de la productividad
proyectada, el capital final requerido puede llegar hasta a
decenas de miles de dólares. Es muy difícil dar valores o
definir cotas a este tema. Sólo la evaluación individual de
cada caso puede ofrecer una perspectiva económica más
ajustada.
Para el segundo elemento planteado, es también casi
imposible postular un valor de inversión, porque dependerá
de innumerables factores, muchos de ellos involucrados con
la experiencia o el conocimiento que se tenga del rubro.
Obsérvese finalmente que lo primero que se dijo es “si se
dispone de la materia prima necesaria”. Y a esto habría que
agregarle “en el lugar y tiempos adecuados”. Porque la
adquisición de estos materiales, o el aprovisionamiento en
tiempo y forma de los mismos, pueden ser un aditamento
crítico a la hora de formular un presupuesto de producción.
Por el contrario, si ya se tiene el cultivo o el suministro
asegurado y programado, los costos de producción serán mucho
más reducidos.
En definitiva, no se pueden dar estimaciones sin caer en
falacias o suposiciones falsas. La producción de aceites
esenciales es muy variada en calidad y cantidad; y se
inserta en la oferta de productos no tradicionales, por lo
que justamente una buena evaluación de la inversión puede
ser el elemento primordial para que el negocio sea rentable.
Detectando la demanda
El mercado interno es muy reducido para la mayoría de los
productos. Esto no significa que no exista un mercado local
o regional, muy por el contrario: el reducido volumen
requerido puede ser una ventaja para quien proyecta
desarrollar un negocio limitado. Además, aunque no sea lo
más fácil de lograr, también hay que pensar en generar el
mercado, es decir fomentar una demanda de algo nuevo, porque
si esto se logra el éxito del negocio es seguro.
Es importante saber que el volumen del mercado mundial es
muy variable según el aceite esencial que se considere.
Desde miles de toneladas para un aceite esencial cítrico o
las mentas, hasta unos pocos kilos para algún producto
obtenido de flores exóticas. También es importante conocer
que la demanda, hoy globalizada, en general está cubierta y
aún influida por la oferta de productores provenientes de
países en desarrollo, donde los costos son muy bajos. Sin
embargo la perseverancia, sumada a un estricto control de
calidad y a un racional cálculo de costos, casi siempre ha
podido competir con esta presunta saturación del mercado.
En cuanto a las aplicaciones, la industria de sabores y
fragancias es normalmente la principal demandante de estos
productos. Son usados en cosmética, fragancias y productos
de uso hogareño, o para la elaboración de sabores, salsas,
bebidas y todo tipo de alimentos industrializados.
Otros nichos comerciales requieren aceites esenciales,
algunos de ellos muy específicos: aromaterapia, insumos
agroindustriales, elaboración de potpourris, fabricación de
productos artesanales, la industria farmacéutica, etc. En la
medida que se pueda encauzar la producción hacia alguno de
ellos, lógicamente la competencia podrá ser mucho menor,
aunque las exigencias podrán también ser superiores.
Autor: Dr. Arnaldo Bandoni (UBA) - Febrero 2009. Doctor en
Farmacia egresado de la Universidad de Buenos Aires. En la
actualidad se desempeña como Profesor Asociado de
Farmacognosia de la Universidad de Buenos Aires.
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